Tal vez aquello no fue una traición. Tal vez nunca la tocaste.
Tal vez nunca la besaste o le dijiste que la amabas, pero se sintió como si lo hubieras hecho.
No se trata de lo que no hiciste, se trata de lo que no debías, pero aun así escogiste hacer.
Se sintió como un engaño, porque en tu corazón me habías reemplazado.
Porque en tu corazón, la escogiste a ella por sobre mí.
Porque a pesar de estar conmigo, era a ella a quien buscabas, con quien pasabas tiempo, y en quien pensabas cada momento.
Lo peor no fue que ella era mi amiga.
Lo peor no fue tu indiferencia.
Lo peor fue que jugaste con fuego, y me quemaste a mí.
Lo peor fue aquello que rompiste a tu paso.
Lo peor fue que aun así, yo seguí ahí.
Me dejaste creer que no valía.
Me dejaste creer que era reemplazable.
Me dejaste creer que no era suficiente.
Me dejaste creer que no podía ser amada.
Y me dejaste caer en el dolor, el miedo y la inseguridad.
Pediste perdón mil veces, pero nunca hiciste nada.
Dejaste que pensara que debía luchar por mi lugar junto a ti, en vez de tú querer que estuviera ahí.
Me llamabas princesa, pero en lugar de ser mi príncipe; te convertiste en el dragón.
Al final, me venciste.
Y aunque me mantuve por mucho tiempo en el juego, me sacaste del tablero.
Perdí la partida, pero esta vez no voy a regresar.
Esta vez ya doy todo por perdido.